Una foto pancarta en el metro, cuya cara te mira; una chica que observas porque es raramente bonita, te regala una sonrisa; un chico guapo sentado enfrente tuyo, al que ver porque está escuchando música y cantando en silencio, mientras ríe al verte hacer lo mismo que él. Sales del metro, plenas ramblas de Barcelona, metiéndote en un callejón de la calle Boquería, un bar de los de película, de los originales, y allí, un café con leche y el croassaint típico de las diez y pico de la mañana. Ese camarero elegante fino y serio, que acaba saludándote amablemente. Hoy es de esos días raros, nuevos, que te cambian, y hoy todo y todos te tratan dulcemente.
Vas con un andar sereno y con una serenidad andante, caminando por las antiguas calles de hace dos milenios atrás, mirando, y sin falta de una cámara fotográfica, observando todo detalle que se te presente delante: esos turistas perdidos que te preguntan en inglés donde se encuentra la Plaza Real; una pareja de ancianos catalanes paseando un hurón llamado Chucky (y precioso, he de agregar); un rastafari africano con unas rastas hasta la cintura y una guitarra en la mano, el cual te tira algún piropo mezclando dos o tres idiomas; y sin faltar pues, un vagabundo italiano con su perro fiel compañero, caminando de lo más campante. El día no está ni soleado ni nublado y hay mucha humedad.
Y te vuelves a subir al metro, encuentras sitio y ahí te quedas hasta que llega tu parada. Hay mucha gente en el vagón; algunos van leyendo, otros platicando, y los demás escuchando música. El clima refrescó un poco, pero se está bien. También viaja una chica en el metro que va mirando qué trajo en su bolso y qué no. Está encerrada en su mundo de los auriculares, mientras recita en textos todo lo que ve y vive. Esa chica, evidentemente, sí señores. Soy yo.
2 comentarios:
jazmiin :) mencanta teqq *:.agna.:*
jaaaaaaaz me encantan todos lo sabes ahahah un beso!
(rakeel)
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